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Uruguay atraviesa una coyuntura particular: inflación contenida, crecimiento moderado y un peso apreciado frente al dólar. Desde lo macroeconómico, el escenario luce ordenado. Sin embargo, para muchas empresas —especialmente aquellas con márgenes ajustados o flujos financieros complejos— este contexto empieza a generar tensiones silenciosas.

Cuando la macro deja de ser un viento a favor, la atención debe desplazarse hacia la gestión interna. No para impulsar grandes transformaciones, sino para evitar pérdidas que hoy pasan desapercibidas.

1. El problema no es solo el dólar

Un peso fuerte no impacta únicamente en los exportadores. También afecta a empresas que:

  • Venden en una moneda y cobran en otra

  • Utilizan intermediarios financieros o medios de pago

  • Manejan plazos largos entre la venta y el cobro

En estos casos, el resultado final no depende solo del precio o del volumen, sino de cómo y cuándo se materializa el flujo financiero.

2. Márgenes más finos, errores más caros

En contextos de crecimiento alto, muchas ineficiencias quedan ocultas. Hoy, ya no.

Pequeñas diferencias —antes tolerables— empiezan a tener impacto real en el margen:

  • desvíos entre lo facturado y lo efectivamente cobrado

  • conversiones de moneda con spreads implícitos

  • deducciones o ajustes detectados tardíamente

  • saldos que nunca terminan de cerrar

No son grandes errores aislados. Son pequeñas fugas que se repiten. Y cuando se repiten, erosionan rentabilidad.

3. El riesgo silencioso: los descalces de moneda

Un descalce de moneda ocurre cuando una operación:

  • Se origina en una moneda

  • Se liquida en otra

  • Se registra con un tipo de cambio distinto

  • Se cobra en un momento diferente

Esto es habitual en procesos como:

  • Ventas en dólares cobradas en pesos

  • Liquidaciones de medios de pago

  • Cuentas corrientes con clientes o proveedores

  • Operaciones “intercompany”

El problema no es que exista el descalce, sino no verlo a tiempo. Muchas empresas lo detectan recién al cierre contable, cuando la capacidad de corrección ya es mínima.

4. Qué deberían vigilar las empresas hoy

Sin necesidad de grandes inversiones ni cambios estructurales, hay cuatro focos clave:

• Momento del dato
¿Cuánto tiempo pasa entre que ocurre una operación y se refleja correctamente?

• Moneda original vs. moneda final
¿Dónde se realiza la conversión, con qué criterio y con qué impacto acumulado?

• Diferencias recurrentes
No mirar solo el monto, sino la frecuencia: lo pequeño pero constante.

• Calidad de la conciliación
Si las conciliaciones explican las diferencias o simplemente las “cierran”.

5. Capacidad de reacción: el verdadero diferencial

En este contexto, la ventaja no está en predecir el tipo de cambio, sino en detectar desvíos temprano.

Las empresas con mejor desempeño suelen ser las que:

  • Entienden sus flujos reales

  • Detectan inconsistencias rápidamente

  • Toman decisiones con información confiable y oportuna

No reaccionan mejor porque tengan más margen, sino porque ven antes.

En definitiva, la coyuntura actual no exige movimientos bruscos, pero sí mayor atención. Cuando el entorno deja de compensar errores internos, la disciplina financiera se convierte en una herramienta de supervivencia.

En tiempos de estabilidad frágil, cuidar los detalles ya no es una buena práctica: es una necesidad.

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